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La evolución en el gusto de los fumadores

De evolucionar se ha nutrido el hombre. De largas y devastadoras caminatas pasó a largas cabalgatas. El ingenio humano creó-descubrió la rueda y el movimiento ganó velocidad: la máquina de vapor, el motor de combustión interna y así sucesivamente hasta los más disímiles equipos de alta velocidad que hoy nos pareciera imposible vivir sin ellos.

En este precioso mundo de evoluciones el habano no hace excepción y no es ciertamente el puro sino los que lo consumimos quienes hemos evolucionado la forma, usos y gustos para deleitarnos.

Nadie asegura con certeza cuando se comenzó a cultivar la planta del tabaco pero casi nadie duda que fueran los pueblos aborígenes del continente americano quienes primero lo cultivaron y fumaron.

No fue hasta el trascendental viaje de Cristóbal Colón en 1492 que el mundo conoció de este producto. Varias historias existen asociadas al empleo del tabaco, desde su uso en rituales religiosos (tradición que aún perdura en nuestros días) o como medicina y creadora de milagros. Baste recordar a un niño que nació a las 11:04 pm del día 25 de noviembre de 1881 en una modesta casa de Málaga, España y minutos después la comadrona lo dio por muerto. Entre los asistentes a tan triste escena se encontraba el médico Salvador Ruiz, tío paterno de la criatura, quien se resiste al dramático desenlace y ante el asombro de todos absorbe bocanadas de un aromático tabaco que lanza a la nariz del niño inanimado, repitiendo la acción más de una vez. Minutos después el poder del milagroso humo del tabaco comienza a mover el pequeño cuerpecito… ¡Había nacido Pablo Picasso! Quien fuera uno de los artistas más famoso de todas las épocas. Así lo describe el Dr Antonio Núñez Jiménez en su obra “El libro del tabaco”.

En los albores del siglo XVI llega a Europa la prodigiosa hoja del tabaco y es el señor Jean Nicot, quien fuera embajador del Rey de Francia en Portugal el que obsequia a la Reina Catalina un poco de polvo de tabaco y esta lo utiliza para aliviar sus jaquecas, teniendo éxito en esta novedosa práctica, así como los ungüentos que preparó para curar diversos males entre los pobladores. Fue tal la popularidad de este empírico médico que a la planta de tabaco se la da el nombre de “Nicotiana tabacun”.

Las formas de consumo del tabaco incluyen el famoso y codiciado rapé que los aborígenes le atribuían efectos alucinógenos y posteriormente los europeos fueron altos consumidores de este producto, destacando entre ellos al emperador Napoleón Bonaparte. Están los que prefieren masticarlo, aquellos que cargan de picadura las legendarias y maravillosas pipas o aquellos que como yo preferimos fumarlo responsablemente y en forma de puros, pues la industria del cigarrillo es también hija de la industria del puro.

Para gusto se han hecho los colores y para fumadores los habanos. Este podría ser el slogan de alguna campaña publicitaria. Detrás de esta idea se esconden amplias interrogantes. ¿Qué fumamos hoy? ¿Qué fumaremos mañana? Todos conocemos que Habanos cuenta con una impresionante nómina de más de ochenta vitolas diferentes (solo de tripa larga); algunas muy repetidas de marca en marca y otras casi a punto de extinción. Este podría ser el tema de un próximo trabajo, en el cual modestamente considero que tendríamos muchas personas interesadas en opinar.

El gusto de los fumadores ha evolucionado no tanto en sabores como en formatos. Tal pareciera que la época de oro de las coronas ya es un tanto “onda retro”, aunque algunas de ellas siguen teniendo aceptaciones, fundamentalmente las coronas, las marevas, las coronas grandes, los Lonsdales o Cervantes y las elegantes Dalias. Igualmente se mantienen en la preferencia de los fumadores algunas de menor cepo pero igual calibre medio como es el caso de las cremas, destacando el tubo no. 1 de Romeo y Julieta o las perlas tan apropiadas para fumadas de poco tiempo en un bar, antes de una cena o para personas no conocedoras que nos interesa iniciar en este apasionante mundo.

En esta evolución modernista son sin dudas los calibres gruesos los que mayor desarrollo y nuevas vitolas aportan, tal es así que la era de los robustos pareciera estar dando paso a lo que podría llamarse los súper robustos o quien sabe si tuviéramos que incluir una nueva nomenclatura de calibres extra gruesos.

Los calibres superiores a un cepo 52 se imponen cada día con una fuerza mayor y lo que hace algunos años se creía incómodo fumar, hoy se ha convertido en moda y ha demostrado que un cepo 54, 55, e incluso 56, posibilitan una fumada excelente, y permite a los maestros ligadores, crear un balance maravilloso en la configuración de la ligada, con un efecto potenciador en  combinar y armonizar mejor tanto el sabor, como el aroma y la combustibilidad, propiciando una bocanada fresca y muy placentera.

Este podría ser un efecto positivo de la crisis. Tal vez ha sido una salida inteligente para utilizar la materia prima que excede de la disminución de la producción en unidades. Cualquiera que haya sido la causa muchos les estamos agradecidos a los resultados.

Como última bocanada quisiera preguntarme y preguntarles. ¿Llegaremos a fumar un cepo 60?...El tiempo nos dirá la respuesta.